No hay límites pero yo creo en ellos y tú también crees. Los inventamos, los creamos, los imponemos. Vivimos en un mundo de creadores, de limitadores. Yo los odio, los aborrezco; no a las personas (si así fuera odiaría mi propia existencia), sino a esa pared de mil metros que no puede ser destruida por ningún exiliado. Todos tenemos una, todos. Si no la tienes estas muerto (jajajaa). Pero lo que realmente me molesta es que sea impuesta por alguien del exterior. Me parece absurdo que una persona me limite cuando ese derecho es solo mío, de nadie más. Solo yo sé hasta dónde puedo llegar, o hasta donde me puedo limitar.
Por el mundo van personas que cargan con una pared que no les corresponde, que ellas no crearon, estas personas nunca son felices, nunca. Siento pena por ellas pero no puedo hacer nada, solo ellas pueden, solo si así lo quieren. Yo las observo, a veces con agrado, a veces con temor, a veces con lastima y a veces con amor. Es lo único que puedo hacer, pues al tratar de ayudar terminaría siendo un arquitecto más de la cárcel que lo apresa.
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