martes, 29 de marzo de 2011

Abrazo lunar


Extraña tranquilidad junto a mí.
Hoy miro la luna salir y flotar para mí.
Hoy no soy alguien más, soy solo yo.

Solo soy un impulso que no puede ser,
un suspiro que se ha de perder.

Soy la pieza del rompecabezas que nunca encajará.
Pero no está mal, por lo menos puedo tener felicidad,
por lo menos la luna me abrazará.

Impotencia

Maldita impotencia, te odio. Como no odiarte si no me dejas hacer nada, no soy capaz de hacer nada. Me limitas. Haces parte de esa pared que tanto aborrezco. Fuiste impuesta por alguien más, alguien que creyó ayudarme pero en realidad me destruyo. Gracias padre. Por eso no hago nada, no he hecho nada, no me esfuerzo, para que si no puedo, nunca puedo. Soy demasiado débil; pero el también lo es, él tampoco ha logrado nada, nada. Su vida ha estado llena de fracasos. Se podría decir que no ha sido nadie en la vida, solo ha sido mi padre. La impotencia lo dominó hasta que la pared cayó y la ira lo reclamó. Quiso matar, quiso morir y quiso olvidar; pero no mató, no murió, ni olvidó. Yo tampoco lo olvide. Él es el ejemplo que nunca seguiré. Es la imagen que nunca quiero ser. Es la impotencia que no me deja ser.

Ilustrando I




Límites

No hay límites pero yo creo en ellos y tú también crees. Los inventamos, los creamos, los imponemos. Vivimos en un mundo de creadores, de limitadores. Yo los odio, los aborrezco; no a las personas (si así fuera odiaría mi propia existencia), sino a esa pared de mil metros que no puede ser destruida por ningún exiliado. Todos tenemos una, todos. Si no la tienes estas muerto (jajajaa). Pero lo que realmente me molesta es que sea  impuesta por alguien del exterior. Me parece absurdo que una persona me limite cuando ese derecho es solo mío, de nadie más. Solo yo sé hasta dónde puedo llegar, o hasta donde me puedo limitar.

Por el mundo van personas que cargan con una pared que no les corresponde, que ellas no crearon, estas personas nunca son felices, nunca. Siento pena por ellas pero no puedo hacer nada, solo ellas pueden, solo si así lo quieren. Yo las observo, a veces con agrado, a veces con temor, a veces con lastima y a veces con amor. Es lo único que puedo hacer, pues al tratar de ayudar terminaría siendo un arquitecto más de la cárcel que lo apresa.