Ella arranco una parte de su cuerpo, él no armo alboroto, nunca lo hacia. Tiro el pedazo en el suelo y lo piso mientras se dibujaba una extraña sonrisa en su rostro, él nunca vio tal sonrisa en un ser humano. Luego la patio, una y otra vez lo hacia, no se aburría. De pronto aparecieron unos perros y comenzaron a morderla, eran tres perros si no estoy mal; él comenzó a retorcerse, comenzó a gritar, la gente alrededor empezó a reír, se burlaban de su patética vida, de su patética existencia, todos lo hacían, nadie se contenía; yo por mi parte solo observaba. Siempre he tenido gusto por ese tipo de escenas donde se muestra el sufrimiento tan real que a uno le dan ganas de vivirlo sin importar las consecuencias que eso traiga.
Media hora después la gente ya no estaba, los perros tampoco, solo estaban ellos dos; yo los observaba desde mi casa. Él se puso de pie, su cara estaba empapada, la de ella gritaba satisfacción. Ella empezó a caminar y poco a poco fue desapareciendo sin mirar a atrás. Él gritó como llamando a alguien pero no pronuncio ningún nombre. A la lejanía se escucho una risita , ella seguía disfrutando. Él se seco la cara y sonrió como diciendo: no pasa nada, no ha pasado nada, esto no volverá a pasar. Esa noche casi no pude dormir, como dije antes ese tipo de escenas me encantan.
Al día siguiendo me despertó el sonido una patrulla, estaba frente a la casa de Carlos, los chismosos del barrio también estaban, baje y le pregunte a mi hermano qué había pasado; la respuesta que me dio me dejo petrificado. Yo nunca fui muy amigo de Carlos, pero me perturbo la idea de que todos pensaran que se había suicidado.
I like it!
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