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viernes, 29 de abril de 2011

Sin sentido

Dos tiros en su cabeza acabaron con su vida,
yo no estuve ahí mi madre fue quien me contó,
tal vez ella si estuvo...

No creo haberlo conocido.
Quizás era de esos que se reía de mi, o quizás no,
quizás no merecía morir, quizás debería vivir,
quizás debería estar aquí, quizás este aquí...

domingo, 3 de abril de 2011

Escenas de vida

Ella arranco una parte de su cuerpo, él no armo alboroto, nunca lo hacia. Tiro el pedazo en el suelo y lo piso mientras se dibujaba una extraña sonrisa en su rostro, él nunca vio tal sonrisa en un ser humano. Luego la patio, una y otra vez lo hacia, no se aburría. De pronto aparecieron unos perros y comenzaron a morderla, eran tres perros si no estoy mal; él comenzó a retorcerse, comenzó a gritar, la gente alrededor empezó a reír, se burlaban de su patética vida, de su patética existencia, todos lo hacían, nadie se contenía; yo por mi parte solo observaba. Siempre he tenido gusto por ese tipo de escenas donde se muestra el sufrimiento tan real que a uno le dan ganas de vivirlo sin importar las consecuencias que eso traiga.

Media hora después la gente ya no estaba, los perros tampoco, solo estaban ellos dos; yo los observaba desde mi casa. Él se puso de pie, su cara estaba empapada, la de ella gritaba satisfacción. Ella empezó a caminar y poco a poco fue desapareciendo sin mirar a atrás. Él gritó como llamando a alguien pero no pronuncio ningún nombre. A la lejanía se escucho una risita , ella seguía disfrutando. Él se seco la cara y sonrió como diciendo: no pasa nada, no ha pasado nada, esto no volverá a pasar. Esa noche casi no pude dormir, como dije antes ese tipo de escenas me encantan.

Al día siguiendo me despertó el sonido una patrulla, estaba frente a la casa de Carlos, los chismosos del barrio también estaban, baje y le pregunte a mi hermano qué había pasado; la respuesta que me dio me dejo petrificado. Yo nunca fui muy amigo de Carlos, pero me perturbo la idea de que todos pensaran que se había suicidado.